La Pajarita de Papel

Lidia cerró su portátil con un suspiro. No quedaba nadie en aquella gris oficina de préstamos personales, un año más era la única que había estado trabajando la tarde del día Nochebuena, retrasando el regreso a su pequeño apartamento en el barrio más humilde de la ciudad, a una estancia vacía de calor, como su corazón.

Hacía ya varios meses que Lidia había decidido dejar de buscar el amor en
estúpidas aplicaciones de citas después de múltiples encuentros con hombres que sólo buscaban una cosa en ella, y no precisamente una relación. Pero en fechas como aquella, en la que todo brillaba a su alrededor, y sus compañeros corrían felices a reunirse con sus familias, con sus parejas, sus ojos negros se apagaban más que nunca.

Guardó el portátil en su mochila, tomó su abrigo acolchado, su gorro de lana y su bolso. Justo cuando buscaba la tarjeta transportes en el bolsillo de su plumífero, sus dedos tocaron un papel que no esperaba. Lidia lo atrapó con la punta de los dedos, y al sacar su mano, una pajarita perfectamente doblada colgaba de ellos. Solo conocía una persona en aquella oficina que dedicara los tiempos muertos entre llamada y llamada a crear pajaritas de papel, su compañero Fernando, aquel chico de mirada tímida y sonrisa perfecta, de ojos verdes y pelo negro ensortijado, que siempre estaba dispuesto a cambiar el tonner de su impresora, o a traerle un café de la máquina cuando él iba a por otro. Aquel compañero con el que solo había sido capaz de charlar del tiempo o de la serie de turno en cualquier plataforma.

Lidia desplegó el papel despacio y leyó con voz temblorosa: “Estas Navidades sólo he pedido una cosa, que la chica de los ojos negros por fin se fije en mí”.

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Autor: Lucía Arjona

Escritora en continuo proceso creativo, feliz de compartir mis historias con todo aquel que las quiere leer.

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