COSAS DEL DESTINO

Son las siete de la mañana, acabo de abrir la cafetería y sé que en cualquier momento aparecerá por la puerta Aurora, mi clienta favorita. Adoro a esta mujer. Aurora es toda luz, a pesar de ser pequeñita llena por completo el local nada más entrar. Coqueta como ella sola, no me ha confesado nunca su edad, pero debe andar por los sesenta años, aunque se mantiene genial y viste como una mujer mucho más joven, con camisetas, vaqueros, botas moteras o converse, cazadoras de cuero, y ese pelo tan cortito y tan rockero que sienta tan bien a su cabello blanco.

Me dedico a poner en marcha la cafetera, mientras pienso en lo segura que estoy de que nada más abrir la puerta volverá a hacerme la misma pregunta de cada día, y mucho me temo que hasta que no reciba la respuesta que desea escuchar, no va a parar. Las campanillas que cuelgan sobre la puerta de la vieja cafetería suenan a mi espalda. Giro la cabeza con una sonrisa y ahí está.

          —Buenos días niña, hoy es el día ¿no? Hoy por fin le dirás que sí—suelta Aurora con un guiño burlón.

Meneo la cabeza y me cruzo de brazos desafiante, mientras ella toma asiento en uno de los taburetes altos al otro lado de la barra, justo frente a mí.

          —Buenos días Aurora. Cómo sabía que ibas a empezar otra vez con esto. Ya sabes que no termino de atreverme. ¿Lo de siempre?—pregunto mientras elijo su mug favorito de la estantería sobre la cafetera, sin esperar respuesta.

Pongo sobre el mostrador los cubiertos, y me regala una sonrisa preciosa con sus ojos oscuros y vivos, perfectamente enmarcados con lápiz de ojos negro y unas pestañas vestidas de rímel del mismo color. Apoya sus antebrazos sobre la superficie de la barra y entrelaza las manos para inclinar ligeramente su cuerpo hacia delante, me temo que esta vez viene con ganas de insistir en su empeño de verdad.

          —Pero vamos a ver, ¿a qué tienes miedo? Eres joven y resultona. Os habéis visto en las fotos de la app esa, habéis hablado horas y horas… Al fin y al cabo lo tuyo es simplemente el siguiente paso, y él ya te ha dicho que está dispuesto a darlo.—Lanza un suspiro suave que termina en una risita encantadora—. Ay nena, si supieras cómo conocí yo a mi Pepe…

Reconozco que acaba de despertar mi curiosidad. Coloco frente a ella sus tostadas recién hechas, junto a la botellita de nuestro mejor aceite, y el capuchino descafeinado. En todos estos meses nunca me ha hablado de su vida sentimental, ni siquiera sé si tiene pareja.

          —¿Tu Pepe dices? No sabía que hubiera un Pepe—contesto intrigada, mientras soy yo quien apoya esta vez los brazos al otro lado del mostrador—. Ya puedes empezar a contar.

Me lanza una mirada traviesa. Prueba su capuchino, y da un primer bocado a su tostada, que mastica sin apartar sus ojos sonrientes de los míos. Toma un nuevo sorbo de su taza para ayudar a tragar el pan, limpia sus labios con un golpecito de servilleta y retoma su posición anterior.

          —Verás, eran los años ochenta, yo tenía veintipocos años.—Comienza a relatar—. Entonces no había estas cosas de internet, y conocíamos a los chicos en bares o discotecas. Bueno, y también por amigos de amigos…

Asiento con la cabeza animándola a continuar.

          —Yo no quise estudiar. En aquella época trabajaba en una tienda de vinilos, y mi compañera de trabajo llevaba tiempo hablando de un amigo suyo que pensaba que era perfecto para mí.—Sus ojos tienen un brillo especial recordando esos días—. Mi amiga se ofreció una y mil veces a presentarnos, hasta que se puso tan pesada que accedí a una cita a ciegas. Yo solo supe que el chico se llamaba Jose, su descripción y el sitio elegido para encontrarnos, “La Cava del Lobo”.

Mientras Aurora bebe otro sorbo de su café, no puedo evitar comparar mi actitud con la suya, y me siento verdaderamente cobarde a su lado. Ella carraspea para anunciar que retoma la narración, yo no puedo dejar de observarla.

          —Pues mira, esa tarde me arreglé en plan Debbie Harry, ya sabes la cantante de Blondie.—La mujer detiene sus palabras unos segundos esperando una confirmación por mi parte que le indique que sé de quién está hablando, pero al recibir solo una alzada de hombros como respuesta, continúa claramente decepcionada—. Bueno, da igual, quiero decir que iba bastante llamativa y hasta mona. Llegué al garito casi diez minutos antes de la cita. Vi a un chico solo en la barra, alto, con el pelo rizado y un poco largo, no tanto como esperaba por la descripción de mi amiga, y al que acababan de servir un tercio de cerveza. Él me miró enseguida y me sonrió con descaro. El local era una sala de conciertos, pero hasta dos horas después no tenían actuación, así que estaba bastante tranquilo y la música que ponían era bastante buena.

Noto como sus ojitos negros comienzan a brillar aún más al recordar el momento y la entiendo, porque yo misma podría sentir ese hormigueo en el estómago, si me pusiera en su piel en ese mismo instante.

          —La cosa es que me acerqué a él y coqueta pregunté:«¿Jose?». Él me miró con una sonrisa realmente seductora y contestó: «Soy más de Pepe».—De nuevo esa risilla, que le quita años de encima, vuelve a escaparse de su sonrisa unos segundos—. Yo me identifiqué como Aurora, la amiga de Maca y entre cervezas y horas de conversación, conectamos de un modo mágico. Teníamos muchas cosas en común, y la química entre ambos era más que evidente, sólo podía pensar en el buen ojo que tenía mi compañera.

Aurora sonríe en silencio unos segundos, y yo con ella, sin poder evitar pensar si a mí me podría pasar lo mismo si me atreviera a dar el paso. Ella aparta la tostada a medio comer que ya parece que no va a terminar y apura su bebida antes de retomar su historia.

—Cuando la gente comenzó a llenar el local, reduciendo cada vez más nuestro espacio junto a la barra, llegó el primer beso, y con él su confesión.—Eso de la confesión hace que ponga mis cinco sentidos en la charla de nuevo—. El muy caradura me dijo entonces que no conocía a ninguna Maca, aunque se llamaba Pepe de verdad, y que había decidido tomar una cerveza en ese local para hacer tiempo antes de ir al cine. Después de escuchar lo que acababa de soltar por esa boca que me había encendido por completo, mis ojos miraron detenidamente alrededor por primera vez desde que llegué al bar, y cuando se encontraron con el luminoso sobre el escenario que ponía “La Cueva del Lobo”, entendí que me había equivocado de lugar, y la verdad es que ya ni me preocupé por saber dónde estaba la “La Cava del Lobo”.

Las dos reímos divertidas. Cuando conseguimos parar, Aurora toma mi mano y mirándome a los ojos dice:

          —Con esto cariño, te quiero decir que lo que sucede, conviene. Si no lo intentas, nunca sabrás que podría haber pasado.

Tomo aire, profundo, y lo exhalo con un suspiro. Libero mi mano de la suya para meterla en el bolsillo de mi delantal y con el móvil en ella, digo:

          —¿Sabes qué? Creo que por fin me apetece comprobarlo.

La primera versión de este relato fue premiado como «Relato de la Semana» en Scribook el 18 de Abril de 2022.

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Autor: Lucía Arjona

Escritora en continuo proceso creativo, feliz de compartir mis historias con todo aquel que las quiere leer.

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