EL ANDÉN NÚMERO DOS

El hall de la estación es un deambular constante de gente. Las conversaciones se mezclan con los avisos de la voz metálica que anuncia las próximas salidas y las llegadas inminentes, desencadenando oleadas de personas hacia un andén u otro. En una situación distinta, en una de tantas en las que ha venido a esperarle, Anna se hubiera dejado llevar por el olor a café y bollería recién hecha, y hubiera tomado asiento en alguna de las mesas altas con un capuccino y un brioche, sin quitar la vista de los paneles, con los ojos brillantes, esperando ver su tren anunciado para correr a abrazarle. Pero hoy no. Hoy tiene un nudo en el estómago que le provoca náuseas.

Vuelve a repasar los trenes anunciados uno a uno, hasta que vuelve a localizar el suyo, y lee por enésima vez la información en un murmullo:

—Salida diez horas, destino Barcelona, AVE, andén…. ¡Joder, aún no han puesto el andén!—exclama ahora en voz alta sin poder esconder la ansiedad que la atenaza, plantada en ese hall.

Anna mira su reloj, son las nueve menos cinco. Sabe que Enric no es de los que llegan con tiempo a la estación, precisamente por eso ha llegado tan pronto, para interceptarle antes de que suba a ese tren. Barre con su mirada todo el barullo del gentío y el movimiento a su alrededor, intentando identificar su pelo gris alborotado, y sus andares despistados, pero nada. Camina hacia un lado y otro, a penas un par de pasos, como un león enjaulado, con sus ojos puestos ahora en los paneles, ahora en las puertas de acceso, de nuevo en los paneles…Vuelve a mirar su reloj, las nueve y cinco. Lleva instintivamente su mano al pecho, que palpita acelerado, intentando calmarlo.

Diez minutos después, la mujer de los altavoces anuncia que queda abierto el control de acceso de otro tren, lo que provoca una nueva corriente de viajeros que pasa a su lado, alguno tan cerca que la desequilibra hasta hacerla trastabillar.

—Pero…¿Qué haces tú aquí?

Reconoce de inmediato su voz antes de volver la cabeza. No lo ha visto llegar.

—¡Enric! Yo… —balbucea sorprendida.

—Anna, no te entiendo. Creía que ayer quedó todo dicho. Ya has elegido. ¿Qué más quieres de mi? —Sus ojos reflejan tal dolor que Anna siente como le atraviesa.

—Enric, estaba asustada, me pedías demasiado, pero hoy…

—Hoy, ¿qué? Hoy ha vuelto a tratarte como una mierda ¿no? —pregunta tensando la mano que ciñe el asa de su bolsa de viaje.

—Enric, ¡joder! ¿Me vas a dejar hablar?…—protesta Anna con la cara encendida.

La voz de los altavoces se cuela entre ambos para anunciar el AVE a Barcelona, que espera en el andén dos, y la apertura del control de acceso. Anna mira con rapidez el reloj de los paneles, son las nueve y treinta y cinco. No tiene mucho tiempo. Con su mano, rodea la muñeca de Enric con fuerza.

—Enric, escúchame por favor. Estos meses has sido mi válvula de escape, me has hecho sentir… —calla un par de segundos antes de continuar con los ojos fijos en los suyos—. Eso mismo, ¡tú me has hecho sentir! Porque creía que estaba muerta desde hacía años y no lo sabía. Creía que era invisible, hasta que me miraste en aquel congreso.

—Anna, ya sé nuestra historia —interrumpe molesto—. He sido yo quien ha viajado desde Barcelona, a veces por trabajo real y otras inventado, sólo para tenerte unas horas. Pero ya no me vale con eso y tú has dejado claro que no puedes darme más.

Se revuelve nervioso, baja la mirada y Anna se percata de que ha visto lo que tiene a sus pies. Vuelve a mirarla y antes de que pueda preguntarle nada, ella sonríe y dice:

—Ya ves, hoy es distinto, hoy he venido para decirte que quiero dejar todo esto atrás y empezar algo contigo donde sea.

Enric suelta su bolsa, que cae junto a la maleta de Anna, coge delicadamente con sus manos su rostro, y la mira fijamente a los ojos antes de empezar a hablar:

—Anna, ya es tarde. Yo también he tenido toda la noche para pensar. Lo que quieres hoy es huir de tu vida con él. Como has dicho antes, he sido tu válvula de escape, pero yo… quería ser tu hogar.

Enric besa su frente y da dos pasos atrás. Anna siente que algo se quiebra dentro de ella cuando comprende que con ese beso él, ahora sí, ha cerrado la puerta. Con el altavoz dando el último aviso para los pasajeros del AVE a Barcelona, siente que se rompe en mil pedazos cuando ve cómo él toma su bolsa del suelo y se despide con un movimiento de cabeza, camino del andén número dos.

Este relato fue premiado como «Relato de la Semana» en Scribook el 3 de Febrero de 2022.

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Autor: Lucía Arjona

Escritora en continuo proceso creativo, feliz de compartir mis historias con todo aquel que las quiere leer.

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