MEMORY CARD

No hay mejor plan para un domingo por la mañana en Madrid, que perderte entre los puestos del Rastro. Siento predilección por aquellos en los que puedes encontrar las cosas más dispares, desde una muñeca de los años cincuenta, hasta un zippo o un yoyo. Hoy estoy feliz. He encontrado algo que sé que va a sorprender a Mario. No por el objeto en sí, sino porque yo haya sido capaz de saber lo que es y lo que significa para él. Paseando de vuelta a casa, mi mano juega con el pequeño cacharro de plástico negro en mi bolsillo. Estoy deseando que lo vea. 

Subo el último tramo de escaleras hasta nuestra pequeña buhardilla de Lavapiés. Antes de meter la llave en la cerradura, ya sé que Mario no ha salido de casa por el sonido que llega hasta mí. Está jugando otra vez. 

—Hola petardo. ¿Ya estás enganchado? ¿A estas horas?—pregunto a modo de saludo.

Él pone la consola en pausa y me mira con esa cara de crío con sobredosis de azúcar que tanto me divierte.

—Hola amor, no me regañes. Acabo la partida y apago ya—contesta con su sonrisa más zalamera.

—Bueno, entonces no querrás ver lo que te he traído—digo con cierto retintín, haciendo bailar el cacharro negro entre mis manos.

Mario suelta el mando y salta del sofá con la boca abierta y los ojos como platos.

—¡Pero tía!… Una memory card de Play 2 ¡si esto está descatalogado! —exclama quitándome el cartucho de la mano en un movimiento rápido en pleno éxtasis—. Y tiene pintaza… Buff es la hostia, a ver si chuta.

Antes de que pueda darme cuenta, Mario ya ha empezado a conectar su vieja Play 2 a la tele y toma asiento de nuevo en el sofá.

—De nada… —reprocho con los ojos en blanco y me dejo caer a su lado.

—Tía, es que estas tarjetas a veces están vacías, pero otras traen juegos o partidas salvadas de los dueños anteriores. Me flipa ver lo que han grabado otros, las partidas que han jugado. A ver qué tiene.

Cuando introduce la tarjeta en la ranura de la consola, me regala un pico rápido antes de coger el mando. En la pantalla aparece un símbolo y el nombre Tekken 5. Mario ríe divertido.

—Buah ¡Tekken 5! No juego a esto desde hace más de quince años, siempre usaba al cabrón de Raven, era la caña. Creo que tengo el juego en la estantería. Joder, espera que lo cargo y vemos la última partida que ha quedado grabada.

Decido que necesito una cerveza si voy a tener que tragarme otro tutorial de gamer cuarentón en vivo. Me levanto y preparo de paso un aperitivo en la encimera de la cocina, mientras él sigue a lo suyo. La verdad es que sonrío satisfecha, parece que he dado en el clavo con el regalo. Escucho de fondo el típico sonido de apertura de videojuego mientras coloco los cuencos con patatas y aceitunas en una bandeja, junto a un par de cervezas, para volver a su lado.

—Mira Laura. ¿Ves? Hay una partida cargada —dice con un golpe de codo directo a mis costillas—. Hostias, por el nombre igual era de una tía. Buff y es de hace un porrón, mira pone Julia01 y la última modificación fue justo pasada la media noche del 1 de noviembre de 2005. Pero, eso es la noche de Halloween ¿no? ¡Venga ya! Jajaja.

Levanto la mirada de la pantalla de mi móvil, en el que ando trasteando mientras tomo mi cerveza, para clavarla en la del televisor. Puede parecer una chorrada, pero de repente no estoy tan feliz por haber encontrado este cacharro.

—¿En serio? Qué mal rollo, Mario ¿Eso se puede borrar?—pregunto con un escalofrío recorriendo mi espalda.

—Venga tía, no me jodas. No empieces con esas chorradas tuyas, es pura casualidad—refunfuña sin mirarme siquiera—. Me pica la curiosidad, a ver dónde se quedó la piba esta.

Mario carga la partida. Aunque quiero dejar de mirar, no puedo apartar mis ojos de la pantalla.

—Hostia, fíjate usaba el personaje de Julia Chang, por eso Julia01. Pero lo tiene customizado, no es la ropa habitual. El avatar normal va de azul y tiene trenzas, el suyo va de negro por completo y ha cambiado su cabello a pelo corto. Para eso tienes que acumular un porrón de puntos, esta tía tenía que jugar mogollón —parlotea sin pestañear, no se da cuenta de mi cara, que muestra claramente que algo no me gusta—. Joder, se quedó a un round para el combate final, justo en el noveno, y son diez.

Me levanto de golpe, estoy incómoda y nerviosa. No sé por qué, pero quiero que apague la consola ya.

—Mario, vamos. Ya has visto lo que tiene esa mierda. Apaga eso por favor, vamos a tomarnos las cervezas en el balcón. Hace un día estupendo y esto de los videojuegos ya sabes que me aburre.

Le dedico una mirada de súplica acompañada de la caricia sutil de mi pierna con la suya. Él alza su mirada hacia mí, sonríe y suelta el mando. Se pone en pie y me besa rodeándome con sus brazos.

—No te he dado las gracias, amor. Esto es un regalazo —afirma con su mejor sonrisa—. Venga va, tienes razón. Ya has tenido bastante rollo gamer retro por hoy. Anda, lleva la bandeja al balcón mientras desenchufo.

El silencio que inunda la casa me reconforta, sólo se escucha el trinar de los pájaros de los árboles que adornan nuestra callejuela. Nos sentamos en el suelo, cada una de nuestras espaldas apoyadas a cada lado del pequeño balcón, con la bandeja entre nuestras piernas. Cierro los ojos, los rayos del sol del mediodía calientan mi rostro. Entonces, súbitamente la canción de cabecera del videojuego irrumpe a todo volumen en el salón. Ambos damos un respingo de la impresión. 

—¡Joder!—protesta Mario—. He debido apagar mal el trasto este.

Se levanta para apagar la consola y vuelve a mi lado. Antes de que pueda sentarse, la música vuelve a sonar a todo volúmen en el salón. Nos miramos. Siento una presión extraña en la boca de mi estómago, esto no me gusta. 

—Mierda, a ver si al final la tarjeta esta ha jodido la consola —refunfuña y sin pestañear, tira directamente del enchufe de la pared.

Antes de que pueda dar un paso más, la televisión se enciende de golpe con la música a todo trapo, y el Tekken 5 cargado en pantalla, con el cursor parpadeando en la opción de VS Battle. Me pongo en pie de un salto. Mario está clavado frente a la pantalla, sin apartar la mirada del cursor.

—Tía… Que la he desenchufado… —pronuncia cada palabra arrastrando cada sílaba con lentitud, la misma con la que toma asiento en el sofá.

Tengo el vello de punta en todo mi cuerpo. Estoy paralizada junto al balcón, no entiendo qué está pasando. Sin que nadie toque el mando, la opción de VS Battle se activa sola. En pantalla aparece el avatar de Julia, vestida de negro, junto con el avatar de Raven, ambos listos para el combate final, “Round 10”. Mario gira la cabeza en mi dirección, está pálido.

—Laura, ¿qué mierda es esta? ¿Qué coño pasa?—exclama y toma el mando, intentando que la pantalla responda sin éxito.

Yo me acerco a Mario y tiro despacio pero con fuerza de su camiseta.

—Mario, deja eso, vámonos de aquí—susurro como si alguien pudiera oirme.

Mario sigue utilizando todas las combinaciones de comandos posibles para intentar apagar la pantalla, yo mientras, me acerco a la puerta, giro el pomo pero no se abre. Entonces, el balcón en el que estábamos sentados unos minutos antes se cierra de golpe, al tiempo que las persianas de todas las ventanas del estudio se bajan por completo y a la vez. Yo grito con todas mis ganas y abrazo a Mario. Las lágrimas comienzan a brotar de mis ojos y no puedo parar de temblar. Siento la tensión en sus brazos, sus manos siguen asidas al mando, no me abraza. Me separo de él, tapando mi boca con ambas manos, sin dejar de llorar.

—Esta zorra quiere jugar. No va a dejar que nos marchemos hasta que gane el combate —dice con voz ronca, casi en un lamento.

—No, Mario. ¡Vámonos! Vamos a tirar la puerta abajo, algo podremos hacer —grito desesperada, y empiezo a golpear la puerta aún a sabiendas de que nadie nos va ayudar, hay pocos vecinos, la mayoría ancianos o inmigrantes, y han aprendido que lo que pasa en casa de otros no les incumbe.

Decido dejar de golpear la puerta y corro hasta el sofá para tomar mi móvil, se ha apagado y no responde, aún después de conectarlo al cargador, que he buscado en la caja de la mesa de café, con mano temblorosa. Pruebo con el móvil de Mario, está igual. Entonces, le escucho decir:

—Laura, déjalo. No hay nada que hacer. Tengo que jugar, la muy zorra hasta ha elegido a Raven por mí.

Noto su miedo y su rabia. Su pulso tiembla tanto que sacude el mando. La partida comienza. Ambos avatares parecen esperar el primer golpe. Raven ataca primero con un primer puñetazo, que Julia esquiva. Ella responde con otro puñetazo que da de lleno en él, restando puntos y disminuyendo la barra de vida de Raven, al tiempo que Mario no puede evitar que un quejido salga de su boca. 

—¿Qué pasa Mario? —pregunto con una mano en su hombro.

—No sé, me siento raro. Es como si… —contesta sin acabar la frase, sacudiendo la caricia de mi mano con un gesto inconsciente.

Julia se balancea delante de Raven, espera su reacción. Él intenta tumbarla con una patada, pero Julia se libra de un salto y golpea con violencia en la caída la cabeza de Raven en una llave. Mario vuelve a gemir, y mueve la cabeza como si estuviera aturdido. La barra de vida ya está a la mitad. 

—¡Mario, deja eso!¡Suelta el mando! —grito poniéndome delante de la pantalla.

Miro su cara. Un hilo de sangre corre por la comisura de su boca. Me observa con los ojos llenos de lágrimas. Sus dedos parecen soldados al mando. Baja la mirada hasta él como si quisiera mostrarme que no puede soltarlo. Caigo de rodillas a su lado, comprendo que no hay opción.

El avatar de Julia comienza a brillar en la pantalla, como si un aura la envolviera. Los ojos de Mario se abren con la expresión de pavor más horrenda que he visto nunca, intenta que Raven esquive la acometida de Julia, pero una lluvia de golpes cae sobre él. Mario convulsiona en el sofá al ritmo de cada golpe hasta caer a plomo contra la mesa. 
Hilos de sangre salen por sus oídos, las letras K.O. brillan en rojo en la pantalla, que se apaga en negro con una Julia triunfal como última imagen en ella y siento como mis propios gritos de terror ensordecen mis oídos.

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Autor: Lucía Arjona

Escritora en continuo proceso creativo, feliz de compartir mis historias con todo aquel que las quiere leer.

4 opiniones en “MEMORY CARD”

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