NUEVO PLAN

Relato especial Día de la Madre

Tan pronto como atravesamos el túnel, camino a nuestro pequeño refugio en la montaña, respiro profundamente, y decido dejar de dar vueltas al mismo pensamiento que ha estado asaltando mi cabeza todo el día.

Hemos decidido escaparnos este fin de semana en el último momento, bueno… en realidad la idea ha sido de mi marido. Supongo que al oír mi voz esta mañana, cuando le he llamado para darle la noticia, pensó que nos vendría bien. No es que nos haya pillado de sorpresa, pero en esta ocasión ya eran tres semanas de retraso, y de alguna manera ambos empezamos a ilusionarnos con la idea del embarazo. No es que no esperásemos que el periodo fuera a venir en cualquier momento, como en tantos otros intentos anteriores, es que deseábamos con todas las fuerzas que no lo hiciera.

—Mira amor, el salpicadero del coche dice que estamos a dos grados ahí fuera, imagínate como estará la casa. En cuanto lleguemos enciendo la chimenea mientras abres una botellita de vino. Mmm qué ganas de acurrucarme contigo delante del fuego con una copa en la mano—comenta mi marido con toda la positividad que puede en su tono de voz, sé que está tratando de animarme.

—Sí, yo también lo estoy deseando—contesto con una tímida sonrisa, obligándome a cambiar de ánimo por él, por nosotros.

Durante el resto del viaje apenas hablamos, cada uno en nuestros propios pensamientos, que estoy segura giran en torno al mismo tema, aunque no digamos nada. 

En menos de dos horas más, nuestro coche ya está aparcado frente al porche de la cabaña de madera que compramos al poco de casarnos, con la idea de venir aquí con nuestros hijos, y que ellos vinieran con los suyos cuando fuéramos abuelos. Siempre que venimos en invierno, ocupamos las primeras horas en una rutina que adoro, encender la chimenea, dejar la maleta sin deshacer en la habitación, abrir una botella de vino, sacar la tabla de quesos que llevamos lista para servir en la nevera de viaje, con el resto de las cosas mínimas para arrancar esa noche y el desayuno del día posterior, y sentarnos en la alfombra, frente al fuego, envueltos en una manta hasta que la casa toma temperatura, y brindar con una copa por ese niño que estamos seguros llegará. Esta noche cumplimos con todos los pasos como siempre, pero cuando Andrés levanta su copa para brindar, no puedo evitar sellar sus labios con mi dedo índice, y los ojos empañados por las lágrimas. Trago saliva para evitar que comiencen a precipitar y retiro lentamente mi mano con mis ojos clavados en los suyos, que comienzan a brillar más.

—Cariño, deja que sea yo quien haga el brindis esta noche—ruego con mi voz entrecortada.

Él solo asiente, no necesito más. Levanto mi copa y la acerco a la suya sin separar mi mirada de la suya.

—Por nosotros, por ti y por mí, por nuestro amor, porque eso es realmente lo más importante y el centro de todo nuestro propio universo.

Nuestras copas chocan y antes de que pueda llevarla a mi boca, Andrés deposita en mis labios un beso salino, por las lágrimas silenciosas que han comenzado a brotar de sus ojos, separa su rostro del mío y con una ternura infinita susurra con su mente apoyada en la mía y su mano en mi nuca:

—Te quiero.

—Yo también mi amor—respondo segura, con una paz en el centro de mi pecho que hace mucho tiempo que no he sentido.

Andrés rodea mis hombros con su brazo y me acerca hacia él.

—Lu, no quiero que sufras más, no quiero que te pierdas a ti misma detrás de un sueño que no sabemos si se hará realidad—habla despacio, como si tuviera miedo del efecto de sus palabras en mi.

—Lo sé. He estado pensando en ello cuando veníamos hacia aquí. Tengo miedo de que el hecho de no poder ser madre me hunda en una depresión que acabe por destruir lo nuestro, y no quiero que eso ocurra, te quiero demasiado—respondo aliviada por poder sacar de mi interior todo lo que llevo dentro.

Andrés besa mi frente, que se ha posado en su hombro.

—Cariño, ¿qué te parece si dejamos a un lado todo esto del tratamiento? ¿Qué te parece si nos dedicamos a nosotros y pensamos si utilizar ese dinero en considerar una adopción?—sugiere con naturalidad, parece que él también también ha estado pensando durante nuestro viaje.

Una ola de calor me invade por dentro, ni siquiera me había parado a pensar en ello, nunca he pensado que la carta de la adopción pudiera estar sobre la mesa. No sé si el rubor que siento en mi rostro en este momento es debido al calor del fuego que crepita con vida propia en el hogar, o si será la ilusión de esta nueva posibilidad. Mis ojos vuelven a humedecerse pero por un motivo distinto esta vez. Me siento erguida, dejo la copa sobre la pequeña mesa de café en la que espera el queso, y giro mi cuerpo ligeramente hacia el suyo.

—Me parece simplemente genial—respondo con seguridad, al tiempo que mis brazos rodean su cuello y mis labios cubren los suyos para sellar con un beso profundo nuestro nuevo plan de viaje. Aunque no sepa dónde nos puede llevar, sé que el objetivo es recorrer el camino siempre juntos.

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Autor: Lucía Arjona

Escritora en continuo proceso creativo, feliz de compartir mis historias con todo aquel que las quiere leer.

2 opiniones en “NUEVO PLAN”

  1. La mejor decisión! Disfrutar el momento y evitar sufrímientos innecesarios, siempre existe una salida si las dos personas quieren!💙💙

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