PESADILLA

Mi propio grito me despierta sobresaltado. La misma pesadilla. Abro mi cápsula hiperbárica y observo como el vidrio de las paredes de mi habitación va perdiendo su opacidad para dejar que la imagen del amanecer aparezca poco a poco en ella. Mi cuerpo desnudo está empapado en sudor, y noto mis pulsaciones aún disparadas. El led subcutáneo en mi muñeca izquierda parpadea en rojo, con la alerta de stress brillando  bajo mi piel. Los primeros compases de música zen comienzan a sonar en los altavoces de toda la casa.

—Lexa, meditación fuera —digo en alto.

Meditación off. —Es su voz aséptica la que sale por ellos ahora, antes de que la casa quede en silencio.

Con tres respiraciones profundas consigo tranquilizarme antes de poner los pies en el suelo calefactado, necesito una ducha. 

—Lexa, café —digo camino de la cámara de baño.

Cafetera en marcha.

Entro en la cabina de higiene. Cierro los ojos bajo la luz ultravioleta, que recorre mi cuerpo de arriba a abajo, recibiendo la cantidad de vitamina D que ya no podemos obtener de un sol casi totalmente marchito. Cuando siento el vapor de agua que comienza a bañar mi cuerpo, no puedo evitar volver a estudiar la pesadilla que me acecha cada noche, desde que tuve el accidente con mi AirCar hace un par de meses. En ella siento que estoy dentro de una película clásica de los años 2000. Soy un chico conduciendo una moto, solo que el lugar parece un circuito de carreras. La moto es azul, muy potente, estoy encorvado tras su carenado, tratando de mantener la postura. Veo mis brazos enguantados en un mono de cuero también azul. Un casco firme cubre mi cabeza. Siento la velocidad extrema en todo mi cuerpo, la adrenalina me recorre de arriba a abajo y las pulsaciones laten en mis sienes. La meta me espera, sólo queda una chicán para tomar la recta final. Cuando estoy dentro de la curva, siento un impacto en la rueda trasera, que me desestabiliza por completo, sacudiendo mi moto con una dureza tal, que me hace saltar por encima de ella. Me despierto gritando cuando mi cabeza está a punto de impactar sobre un lateral de las gradas. 

El proceso de secado ruge a mi alrededor, devolviéndome al momento actual, a tiempo de evitar que la alarma por stress del led vuelva a saltar por exceso de pulsaciones. Tras la ducha y con mi café en la mano, me acerco a mi escritorio para activar la pantalla del monitor con la palma de la mano, el teclado se enciende en la superficie de cristal de la mesa. Estoy comenzando a obsesionarme con todo esto. Tecleo en el buscador: 

«Pesadilla recurrente años 2000»

La pantalla se vuelve negra con unas letras en blanco y el sonido de error de búsqueda suena por los altavoces de toda la casa mientras leo la pantalla: 

«Contenido no accesible». 

—¿Cómo que no accesible? —me pregunto extrañado en voz baja.

Vuelvo a intentar otra búsqueda: 

«Pesadilla recurrente+accidente años 2000», la misma pantalla vuelve a aparecer junto al mismo sonido.

—¡Venga ya!— Mi voz esta vez refleja la tensión que está empezando a provocar rigidez en los músculos de mi cuello.

Una notificación aparece en la esquina derecha del monitor, es la hora de entrada en Tech Incorporated. La webcam enciende su piloto rojo, enfoca mi pupila en primer plano para el registro de acceso de la oficina virtual, y vuelve a apagarse después de que la locución del asistente remoto de la empresa suene por los altavoces de mi casa: «Buenos días Allan, bienvenido a tu escritorio virtual, esta es tu agenda para hoy». Suena con su voz aséptica e impersonal de costumbre.

No puedo apartar de mi cabeza los mensajes de prohibición de acceso que acabo de ver. ¿Qué hay de malo en esa búsqueda? ¿Qué es lo que quieren ocultar? Después de pensar lo unos segundos, y valorar la posible sanción que estoy seguro terminará por caer en mi expediente si lo hago, decido usar mi pase a la Dark Web como técnico en Ciberdefensa de la compañía para averiguar algo más. Abro la pantalla de búsqueda privada y tecleo una vez más la misma frase: «Pesadilla años 2000». Automáticamente mi pantalla se vuelve negra, cadenas de código azul constante comienzan a correr por ella en cascada. 

—¡Mierda, el teclado no responde! —grito como si alguien pudiera oírme—. Lexa, corta la electricidad, ¡YA!

Suministro off.

Los cristales vuelven a ser opacos, la casa queda en total oscuridad. No soy capaz de reaccionar. La misma luz azul que he visto en el código de la pantalla parpadea en el led de mi muñeca, cuando debería estar rojo por mi nivel de pulsaciones. Entonces, aún sin suministro aparente, la pantalla del monitor se activa de golpe, y la sombra de una silueta humana aparece en pantalla. No entiendo nada. La imagen de esa silueta se intercala con las mismas imágenes que vivo cada noche en mi pesadilla. Me pongo en pié de golpe, la silla cae a mis espaldas. Veo las mismas imágenes que vivo en mis sueños, una tras otra. Mi pulso se acelera aún más, no puedo evitar gritar desesperado en el momento del impacto en primera persona contra las gradas. Vuelve la silueta en pantalla y una voz distorsionada dice:

—Bienvenido Allan, ya eres uno de nosotros. Ya eres un renacido. 

—¿Qué coño?… ¿Quién eres? ¿Qué mierda es esto?—grito con rabia a la pantalla y golpeo con el puño la superficie del escritorio.

—Tranquilo. Lo que has visto en estas imágenes no es una pesadilla, es el último recuerdo del piloto que contrató el servicio de clonación en agosto de 2005. Este eres tú.

Apoyo las manos sobre la mesa y acerco mi rostro a la pantalla, que muestra ahora la imagen de un joven de unos treinta años, vestido con un mono de carreras, y el casco con el número nueve apoyado en su cadera con un brazo, mientras levanta el otro con el símbolo de victoria. Siento un pinchazo tremendo en la cabeza, que me hace gritar de dolor, y un pitido ensordecedor resuena en mis oídos, pierdo el equilibrio y caigo al suelo, mientras veo con pavor como la puerta de mi apartamento se abre en modo automático y dos hombres con el uniforme de Tech Incorporated corren hacia mí. Eso es lo último que veo antes de sentir el pinchazo de su aguja en mi cuello.

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Autor: Lucía Arjona

Escritora en continuo proceso creativo, feliz de compartir mis historias con todo aquel que las quiere leer.

2 opiniones en “PESADILLA”

  1. Wohhhh que bueno, cuanta imaginación en tu cabeza. Enhorabuena cada relato que leo me transporta a la historia que cuentas sintiéndola como propia!🙏

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