UN GOLPE SERIO

No dejo de dar vueltas por el salón, deambulo de un lado a otro sin dejar de pensar qué le voy a decir, cómo voy a conseguir aplacar su enfado después de haber enviado nuestro coche al taller por segunda vez este año, lo peor es que esta vez el golpe ha sido un poco más serio que el de hace unos meses, bastante más diría yo, al menos yo estoy bien, vamos es que no me duele nada, aunque cuando escuché el ruido de la carrocería al impactar con el coche que iba delante me temí lo peor, pero nada la verdad, ay madre cómo debe estar Héctor, hecho una furia, habrá ido al taller donde los de la grúa han debido llevar el León y seguro que viene que…

El sonido de la llave en la cerradura de nuestro piso me saca del bucle mental en el que llevo perdida no sé cuánto tiempo. Me quedo en silencio de pie, junto a la puerta del salón, esperando que la puerta de la calle se abra, para intentar averiguar por su cara el grado de su disgusto y lo que me va a costar sacarlo de ahí, y precisamente ahora que las cuotas de nuestra hipoteca casi se han duplicado. 

Héctor abre la puerta despacio, parece agotado, bueno supongo que es normal, al estar sin coche habrá tenido que venir desde el taller andando o en autobús y sé lo poco que le gusta usar el transporte público. Cierra la puerta a su espalda dejando caer su propio peso sobre ella y se queda así, apoyado unos segundos con la mirada en el suelo, me temo que el presupuesto de la reparación debe ser de varias cifras. Aunque me da miedo hablarle, tomo aire y decido hacerlo.

—Hola…—suelto casi en un susurro aún de pie en el dintel de la puerta del salón frente a él.

Héctor no contesta, tal y como temía está enfadado de verdad. Tira las llaves con desgana sobre la consola de la entrada y comienza arrastrar sus pasos por el pasillo hacia la cocina sin siquiera mirarme.

—¿De verdad que no vas a contestarme?—Salgo a la mitad del pasillo y me quedo esperando una respuesta mientras él abre la nevera y saca una cerveza con mano temblorosa—. Joder Héctor, ya sabes que lo siento, de verdad, siento haber jodido otra vez el coche. ¿Qué te han dicho? Ya has ido al taller ¿no?

Ahí sigue, frío como el hielo, me saca de quicio cuando se comporta así conmigo. No tengo duda de que me quiere, pero cada vez que discutimos, él adopta esa pose de ofendido, deja de hablarme y me ignora por completo, a veces pienso que en estas cosas es más tía que yo. Si dar aún crédito a su manera de ignorarme, observo como sale con la botella por la puerta botella en mano, a menos de dos centímetros de mí, entra en el salón y se deja caer en el sillón. Resopla con cierto aire de resignación penosa, da un trago largo al tercio y lo deja sobre la mesa de café. Yo le observo desde la puerta, no me había fijado en sus ojeras, se frota la cara con ambas manos, y mueve la cabeza a modo de negación para mirar hacia mi con la mirada vacía, sin expresión alguna, como si le importase una mierda que esté intentando disculparme. Yo suspiro con ganas al tiempo que entro en el salón y tomo asiento en el sofá, junto a su sillón, sé que igual sería mejor darle unos minutos, pero es que no puedo, no soporto que se ponga así. A pesar de lo mucho que me cuesta, intento hablar en tono conciliador.

—Vale que estés cabreado, vale que he jodido el coche, pero… ¿ni siquiera me vas a preguntar cómo estoy? Joder que yo también me he asustado. Que el cabrón de delante frenó así sin esperarlo en la incorporación y no tuve tiempo de frenar, de verdad que no… 

Héctor se levanta del sillón, ni siquiera se ha terminado la cerveza, y por supuesto sigue ignorándome el muy capullo, ya no me deja ni terminar. Estoy harta de tener que ir detrás suya. Enciende la luz de nuestra habitación y se quita la americana para tirarla sobre la cama. Por cierto hace siglos que no le veía con la americana puesta, sólo la utiliza en entrevistas y ceremonias, no creo que haya tenido entrevista hoy, no recuerdo que haya dicho nada. Se desabrocha los primeros botones de la camisa y se sienta en la cama, justo en mi lado de la cama. Esto sí que es raro.

—Cariño, qué te pasa, estás muy raro de verdad. Por favor, háblame. Dime algo.

Veo como toma mi almohada y se la lleva a la cara, le oigo inspirar profundo, ¿qué está pasando aquí? Entonces escucho un sollozo ahogado que termina por desencadenar un llanto asolador.

—Aún huele a tí, joder Elena, aún huele a tí—susurra mi marido entre sollozos.

Siento que estoy en caída libre, como en un ascensor que cae a plomo desde el último piso, la cabeza me comienza a doler mucho, muchísimo, me toco la frente y mi mano se empapa de sangre, una sangre que desaparece inmediatamente después, lo recuerdo, ahora lo recuerdo. El golpe fue serio, sí, demasiado serio. Ni siquiera llegué al hospital.

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Autor: Lucía Arjona

Escritora en continuo proceso creativo, feliz de compartir mis historias con todo aquel que las quiere leer.

8 opiniones en “UN GOLPE SERIO”

  1. Sin palabras otra vez. #luciaArjona y solo ella consiguen crear estos halos de misterio con desarrollos extraños y resultados hipnóticos.
    Orgullo de escritora!🫂

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