ZORRA

Marta sale del ascensor, con los nervios convertidos en un nudo que agarrota la boca de su estómago. 

Se detiene unos segundos delante la puerta de la consulta, con sus ojos fijos en el reflejo de su propia imagen, sobre la placa dorada con el nombre de esa zorra. Con una inspiración profunda, consigue controlar las lágrimas que comienzan a asomar en sus ojos, y adelanta su dedo índice para tocar el timbre por última vez, después de haberlo hecho cada jueves estos últimos dos meses. 

Continuar leyendo «ZORRA»

EL CONFESOR DE PIEDRA

El sol vuelve a estar en lo más alto, su presencia ya me acompaña durante la mayor parte de la jornada. Los humanos que pasean por mi calzada de viejos cantos desgastados, por el tiempo y el uso, llevan menos ropa cubriendo sus cuerpos. Seguro que ellos pueden sentir los rayos de esa estrella de fuego tanto como yo los noto sobre las piedras que forman mis arcos y mi calzada, hasta sentirlas arder. Al menos yo tengo la compañía constante de la corriente del río entre mis pilares, abundante, clara y fresca incluso en esta época del año. Quizás por eso ella siempre ha buscado refugio en mí de estas temperaturas, siempre, desde que era una pequeña humana.

Continuar leyendo «EL CONFESOR DE PIEDRA»

LA CAZA

El sonido del despertador me sobresalta. Abro los ojos adormilada y aprieto el botón de apagado, los números se iluminan. Las seis de la mañana, es la hora.

La ropa de caza, que dejé anoche perfectamente dispuesta sobre la silla de mi habitación, espera a que me duche. Siento el nudo en el estómago de los días de cacería, de un modo especial hoy, por ser la primera de la temporada. Sé que soy incapaz de ingerir nada sólido, pero mis pasos me llevan hacia la cafetera directamente, pulso el botón de encendido en modo automático, siempre necesito despejarme con un buen carajillo para templar los nervios.

Continuar leyendo «LA CAZA»

VEINTIÚN AÑOS

«Hoy cumplo veintiún años». Ese es el primer pensamiento de María nada más despertar en su cama esta mañana. Tras un bostezo eterno, y a pesar del abrazo cálido de su edredón nórdico salpicado de flores en vivos colores, consigue salir de ella.

Ya en pie, María se despereza una vez más, como una cría pequeña, y comienza a caminar somnolienta hacia la cocina, donde tiene todo listo para preparar la cafetera como cada mañana. Tan pronto como comienza a sonar el borboteo del agua sobre el filtro, no puede evitar entornar los ojos y aspirar con una sonrisa el aroma a café recién hecho que lo envuelve todo. Vigila con la mirada el avance del nivel de la jarra de cristal que va llenándose gota a gota con el oro negro que se muere por beber, así tal cual, sin azúcar ni leche y un poco aguado de más, como los americanos. Cuando el piloto de la máquina se apaga, abre el armario sobre el fregadero para elegir su taza favorita. Satisfecha, con el café humeante entre sus manos, se dirige hacia el salón acompañada por el sonido bajo sus pies del crujir de los listones de madera maciza, que visten el suelo del pequeño piso de estudiantes del barrio del Húmedo de León, el mismo que lleva alquilando desde hace tres años, desde que comenzó la carrera de enfermería.

Continuar leyendo «VEINTIÚN AÑOS»

ESO

Introduce la llave en el contacto del coche, cierra la puerta con un golpe y permanece sentado, inmóvil. La adrenalina recorre todo su cuerpo hasta agolparse en sus sienes en un latido descontrolado. La presión en su pecho, la respiración acelerada, el sudor en las manos. Sus manos, Arturo se asusta al ver las manchas de sangre en ellas. Busca en la guantera del coche algo para limpiarlas, no puede conducir así. Encuentra un ajado paquete de kleenex junto a su arma reglamentaria. Recoge a tientas la botella de agua que lleva dando tumbos en el suelo desde ni recuerda cuándo, humedece un pañuelo y frota nervioso las manchas hasta dejar la piel enrojecida, los restos no acaban de salir. Con pulso aún tembloroso, gira el contacto y trata de controlar su respiración antes de incorporarse a la solitaria carretera comarcal que recorrió hace unas horas en sentido contrario con ella en el asiento de copiloto.

La luna llena ilumina la oscuridad de la noche con una claridad que le incomoda. Observa sus ojos acuosos en el retrovisor. No son los mismos que vio reflejados en las gafas de Ana hace unos minutos. Los que vio entonces eran aterradores, rabia en erupción. Ahora son los de un crío asustado al borde del llanto. Como los que veía en el espejo del baño de la academia de música donde se escondía tras sus clases con la Srta.Lobo, a los doce años. No había permitido que su recuerdo volviera a su mente hasta esa noche, hasta que Ana quiso hacerle eso, lo mismo que hacía su profesora con él, cuando era tan sólo un crío.

Continuar leyendo «ESO»

COMO CADA MAÑANA

—¡Vamos Beatrice! La Señora llamará enseguida. ¡El desayuno tendría que estar listo!—Apuro a la chiquilla—. Date prisa con las tostadas, ¡y no las quemes!

Antes de que pueda acabar la frase, el repiqueteo de la campanilla seis inunda la cocina. Vierto el agua hirviendo en la tetera. Compruebo que el resto de doncellas y cocineras no me ven, y añado la pasiflora. Sé que la señora la necesitará, como cada mañana.

Arreglo mi cofia blanca y el mandil. Tomo la bandeja y subo las tres plantas que separan la cocina de los aposentos principales, recordando escalón a escalón cómo eran las mañanas antes de que el señor falleciera.

Continuar leyendo «COMO CADA MAÑANA»

SEVILLA II

Sara conecta el móvil con el cable a su portátil. Crea una carpeta en el escritorio, que protege con contraseña, y cambia el nombre genérico por las iniciales FM. Con los ojos inyectados en sangre, y una lágrima rabiosa que lucha por no precipitarse, observa como el archivo de vídeo se descarga. También cambia el nombre del archivo. Teclea con lentitud, saboreando el momento en el que sus dedos tocan el teclado con cada pulsación para escribir: “Día 1”. Pone el puntero del ratón sobre él y toma aire antes de hacer click para visionar en pantalla lo que acaba de grabar en directo. Con los primeros gritos de dolor de fondo, comienza a recordar todo el camino que ha recorrido hasta llegar a esto.

Continuar leyendo «SEVILLA II»

PESADILLA

Mi propio grito me despierta sobresaltado. La misma pesadilla. Abro mi cápsula hiperbárica y observo como el vidrio de las paredes de mi habitación va perdiendo su opacidad para dejar que la imagen del amanecer aparezca poco a poco en ella. Mi cuerpo desnudo está empapado en sudor, y noto mis pulsaciones aún disparadas. El led subcutáneo en mi muñeca izquierda parpadea en rojo, con la alerta de stress brillando  bajo mi piel. Los primeros compases de música zen comienzan a sonar en los altavoces de toda la casa.

Continuar leyendo «PESADILLA»

LO QUE NO ESPERABA

Los primeros rayos de sol se cuelan por las rendijas de la persiana a medio bajar de la ventana de la habitación. El visillo, que en algún momento fue blanco, baila colgado en ella con la brisa de la mañana, fresca y limpia, con ese olor a salitre que el mar regala a cada rincón del pequeño pueblo costero. Ella se despereza en la cama y le observa tendido a su lado, boca arriba, aún dormido. La sábana sólo cubre su cuerpo hasta la cintura. Desliza su mano con delicadeza por su vientre, no quiere despertarlo, quiere disfrutar del momento, observarlo rendido junto a ella, recorrer con las yemas de sus dedos su piel tersa y suave, sus abdominales marcados, los pectorales firmes y duros en los que clavó sus uñas anoche mientras le tuvo sobre ella, su cuello esbelto pero varonil, su mentón fuerte y anguloso. Antes de que pueda llegar a hundir los dedos en sus rizos negros, él se despierta.

Continuar leyendo «LO QUE NO ESPERABA»

COSAS DEL DESTINO

Son las siete de la mañana. Acabo de abrir la cafetería y sé que en cualquier momento aparecerá por la puerta Aurora, mi clienta favorita. Adoro a esa mujer. Aurora es toda luz. A pesar de ser pequeñita, llena por completo el local nada más entrar. Coqueta como ella sola, no me ha confesado nunca su edad, pero debe andar por los sesenta años, aunque se mantiene genial y viste como una mujer mucho más joven, con camisetas, vaqueros, botas moteras o converse, cazadoras de cuero, y ese pelo tan cortito y tan rockero que sienta tan bien a su cabello blanco.

Continuar leyendo «COSAS DEL DESTINO»